Protección para la cultura (primera parte)
Muchas veces el opinar sobre cultura nos puede llevar hacia lugares desconocidos, que en oportunidades suelen transformarse sobre las mismas razones en peligros para los muros y rejas con lo que se construyen sus sedes, convirtiéndose en mazmorras luego, para quien ose expresar o, vislumbrar su triste final. Inicio con este breve preámbulo, lo que se me hace sospechar que mucha gente culta e inculta sabe; pero le causa tristeza e ignorancia respectivamente.
Ya sabemos lo difícil que es lidiar con artistas, pero mas difícil es cuidar los espacios donde acuden quienes se nutren de vida y aportan para y por ella. Uno de los lugares para la cultura más emblemáticos en el oriente del país, es el Museo Mateo Manaure en el Estado Monagas, situado en el centro de su capital Maturín, enclavado entre el mercado viejo, la Plaza de Estudiantes y la Escuela de Artes; lo que resta de linderos no vale la pena mencionarlo porque su fachada lo delata.
Teniendo al lado una llamativa y acogedora Biblioteca con los más avanzados sistemas de actualización digital y vídeo, la sede cuenta con amplios espacios para exposiciones y eventos dedicados al libro y la lectura para todos los gustos, lleva el nombre del distinguido Julián Padrón, el poeta de la humildad, así lo creo. En los espacios internos del llamado Instituto de Cultura del Estado Monagas (ICUM), se puede apreciar con detenimiento, sótanos que nos recuerdan algunos espacios de la UCV, del Aula Magna, Arquitectura y de la nueva sede desde hace aproximadamente cuarenta años de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. (FACES).
Pero es casi un decir que tanta belleza aturde, eso parece pasar con el mantenimiento a las estructuras del ICUM, se nota el deterioro en las entradas, los sistemas de aire acondicionado muestran su abandono a la vista de visitantes y autoridades, bases metálicas y espacios con áreas verdes y cromáticos, que resisten el impacto de la intemperie y la falta de mantenimiento. Los alrededores son un canto al desprecio, una laguna producto de las aguas de lluvia, una pequeña loma abierta y con matorrales, las columnas que deben ser para la extensión del complejo, muestran sus ya oxidadas cabillas, ni hablar de la imagen que se ve desde el frente, el monumento a la pestilencia y la “pequeña Pompeya cubierta con arboles, escombros y basura, con fachada de laminas “grafitadas” que solo dejan a la imaginación lo que se quedó tras esas columnas construidas en el siglo pasado.
Así se va deteriorando algo tan valioso para el presente y el futuro del arte en Monagas, sin dolientes, como si no tuviera importancia el alimento del alma. Recordemos al Chávez nuestro de cada día: “… como es posible que una máquina, una planta procesadora de alimentos, un motor, que en conjunto producen beneficios para el pueblo, estén sin operar porque le falta una pieza, un repuesto, algo tan mínimo para tanto y la responsabilidad se oculte en la ineficiencia; eso no es ser revolucionario, revolucionaria”. La protección al arte parece ser también un peligro dentro de las estructuras.
Ya sabemos lo difícil que es lidiar con artistas, pero mas difícil es cuidar los espacios donde acuden quienes se nutren de vida y aportan para y por ella. Uno de los lugares para la cultura más emblemáticos en el oriente del país, es el Museo Mateo Manaure en el Estado Monagas, situado en el centro de su capital Maturín, enclavado entre el mercado viejo, la Plaza de Estudiantes y la Escuela de Artes; lo que resta de linderos no vale la pena mencionarlo porque su fachada lo delata.
Teniendo al lado una llamativa y acogedora Biblioteca con los más avanzados sistemas de actualización digital y vídeo, la sede cuenta con amplios espacios para exposiciones y eventos dedicados al libro y la lectura para todos los gustos, lleva el nombre del distinguido Julián Padrón, el poeta de la humildad, así lo creo. En los espacios internos del llamado Instituto de Cultura del Estado Monagas (ICUM), se puede apreciar con detenimiento, sótanos que nos recuerdan algunos espacios de la UCV, del Aula Magna, Arquitectura y de la nueva sede desde hace aproximadamente cuarenta años de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. (FACES).
Pero es casi un decir que tanta belleza aturde, eso parece pasar con el mantenimiento a las estructuras del ICUM, se nota el deterioro en las entradas, los sistemas de aire acondicionado muestran su abandono a la vista de visitantes y autoridades, bases metálicas y espacios con áreas verdes y cromáticos, que resisten el impacto de la intemperie y la falta de mantenimiento. Los alrededores son un canto al desprecio, una laguna producto de las aguas de lluvia, una pequeña loma abierta y con matorrales, las columnas que deben ser para la extensión del complejo, muestran sus ya oxidadas cabillas, ni hablar de la imagen que se ve desde el frente, el monumento a la pestilencia y la “pequeña Pompeya cubierta con arboles, escombros y basura, con fachada de laminas “grafitadas” que solo dejan a la imaginación lo que se quedó tras esas columnas construidas en el siglo pasado.
Así se va deteriorando algo tan valioso para el presente y el futuro del arte en Monagas, sin dolientes, como si no tuviera importancia el alimento del alma. Recordemos al Chávez nuestro de cada día: “… como es posible que una máquina, una planta procesadora de alimentos, un motor, que en conjunto producen beneficios para el pueblo, estén sin operar porque le falta una pieza, un repuesto, algo tan mínimo para tanto y la responsabilidad se oculte en la ineficiencia; eso no es ser revolucionario, revolucionaria”. La protección al arte parece ser también un peligro dentro de las estructuras.
Agustń Ruiz
Publicado en El Oriental, 29 de julio de 2016

Comentarios
Publicar un comentario